La ciudad de las bicicletas

Bicis, bicis, bicis… vamos a jugar a un juego muy sencillo: cerrad los ojos e imaginaros una ciudad repleta de bicicletas.

Bicis por todas partes, bicis en todas las esquinas, en todas las farolas, en todas las puertas de las casas. Bicis en el tren, en el tranvía. Imaginaros un parking de bicicletas de tres plantas.

Imaginad carriles-bici por toda la ciudad; no solo por el centro, también por la periferia. Imaginad que existieran más carriles-bici que aceras para peatones y donde las bicicletas tuvieran prioridad sobre los peatones y casi sobre los coches.

Pues ahora abrir los ojos y dejar de imaginar, pues en vuestra mente estaba la capital de Los Países Bajos: Ámsterdam.

Así es, cuando sales de la Estación Central de esta bonita ciudad te encuentras con muchas, muchas bicicletas. A tu derecha puedes vislumbrar un inmenso parking para miles de ellas y si paseas por el centro, no paras de ver bicicletas; no solo en marcha, sino también aparcadas en cualquier esquina, en cualquier lugar.

He tenido la suerte de visitar varias ciudades europeas y en muchas de ellas la bicicleta es un medio de transporte muy popular y utilizado. Pero lo de Ámsterdam roza lo enfermizo.

En mi vida había visto tal cantidad de bicis juntas, ni siquiera en el mismísimo Tour de Francia.

Pero muchos de vosotros os preguntareis si solamente este detalle me ha llamado la atención de Ámsterdam, y yo se lo que estáis pensando. Si no me ha llamado la atención otros detalles que todos conocemos sobradamente.

Pues sinceramente: no. No me ha llamado la atención que el cannabis sea legal ni que la prostitución también lo sea, pues ya iba con esa idea en mi cabeza.

Tengo amigos en Holanda y lo que si me llamó la atención es que no les agrada que lo único que se conoce de esta maravillosa ciudad sean los porros y las putas. No les gusta que piensen que los Holandeses son todos unos fumetas o puteros.

Paseamos mucho por el centro de la ciudad y comprobamos que había calle con un olor muy característico a porro. Mis amigas holandesas odiaban este pequeño, pero desagradable detalle.

Tampoco les gustaba el escaparate de las prostitutas en el Barrio Rojo.

Mi llegada a la capital de los tulipanes se produjo sin ningún sobresalto; se podría decir que cumplí sobradamente con mi misión “perruna” y enseguida me subí al tren que me llevaría directamente al centro de la ciudad.

Cabe destacar que, por supuesto, el tren disponía de zonas exclusivas para bicicletas y dos plantas con asientos bastante cómodos…vamos, como los cercanías españoles.

Quiero puntualizar que mi estancia en Ámsterdam fue de apenas 24 horas, por lo que no puedo hacer un análisis en profundidad.

Lo que si me atrevo a aventurar es que se trata de una ciudad con encanto, repleta de canales (todos completamente iguales) y de calles con casitas del siglo XIX. Todo muy bien cuidado y tratado. Intenté no pasear por calles repletas de turistas callejeando por zonas de la periferia y comprobando el “Ámsterdam Real”, aunque la tarea se antojaba complicada por la cantidad de turistas y sobre todo españoles que te encontrabas en cada esquina.

Y aunque lo intenté, no pude no tomarme un chato de vino tinto en el Bar Joselito en pleno centro de la capital, un lugar pintoresco y ameno donde las tapas de jamón y chorizo son su reclamo. Y sobretodo el precio.

Nada caro para tratarse de un bar español en Holanda.

Y poco más que decir de este fugaz viaje. Solo que espero que hayáis disfrutado y que pronto volveré a esta ciudad. Y si no a esta, a cualquier otra, pues mi próxima aventura esta a punto de comenzar.

Inglaterra y muy posiblemente Londres será mi próximo destino, esta vez no de placer, sino de trabajo. Os seguiré informando. 

Nos vemos en los bares…

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