Navidades en carretera: Melbourne.

Son las 9’30 pm. El avión que nos llevará a Elisa y a mí a Melbourne sale con media hora de retraso. Finalmente conseguimos embarcar en el avión y después de 2 horas de vuelo (más una de regalo por el cambio horario) aterrizamos en el aeropuerto de Melbourne.

Por delante nos quedaban unas 6 horas hasta que Mariana y Fernando llegaran de su vuelo procedente de España. Así que, nos armamos de valor y en la única cafeteria abierta de todo el aeropuerto nos hicimos nuestro primer café de la noche. Las horas pasaron lentamente y el sueño se hizo complicado en las duras butacas de llegadas. Para nuestra decepción comprobamos que todos los vuelos estaban retrasados unas dos horas, así que no tuvimos otra que desayunar a las 6 de la mañana.

Los minutos pasaban y se acercaba la hora de la llegada; para nuestro entretenimiento, una de las pantallas de información nos deleitaba con diversas anécdotas de un vuelo perdido procedente de Jakarta. Unas veces estaba en la puerta 6, otras estaba cerrado y al minuto estaba en la puerta 1. La pregunta era, ¿Dónde estaba ese avión? o ¿El que pone los rotulos esta borracho?

Después de un considerable retraso, nuestros huéspedes aterrizaron en Australia, más conocida por los australianos como Oz. Nos subimos en un taxi y nos dirigimos por fin a Melbourne. Después de más de 8 horas en el aeropuerto, veríamos su skyline y sus calles.

Una vez en el Hotel y con todos nuestros bártulos a buen recaudo, nos dirigimos a desayunar. Para nosotros sería el segundo desayuno. Para nuestra sorpresa encontramos una cafetería donde hacian chocolate y churros.

Pero lo que más nos emocionó fue que según nos dijo el camarero, el chocolate era español. Sinceramente, fue un desayuno de reyes. Melbourne nos deleitaba con un buen chocolate con churros, no empezaba mal nuestra aventura por el estado de Victoria.

Después de este desayuno estilo español, cogimos nuestros macutos llenos de energía y de ilusión por descubrir esta nueva ciudad. Nuestra primera parada era una de las playas de Melbourne. Hay que destacar que las playas de Melbourne no dan al mar, sino a una gigantesca bahía, pero la sensación es estar delante del mar.

Continuamos paseando por la playa de St. Kilda mientras nos acercamos a nuestro siguiente destino: Albert Park, dónde se celebra anualmente el GP de Fórmula 1 de Australia entre otros muchos eventos deportivos.

El parque es inmenso en su extensión con un gran lago en el centro lleno de patos y otras aves innombrables. Seguimos recorriendo este enorme parque y nuestro estómago comenzaba a pedir ayuda, así que decidimos buscar un lugar para comer.

Pero antes de encontrar tan ansiado restaurante, nos paramos en un edificio gigantesco en recuerdo a los soldados muertos en la primera y segunda guerra mundial. Algo así como un mausoleo. La verdad que estos australianos se toman en serio el recuerdo a sus combatientes.

Por toda la ciudad te encuentras con un monumento o edificio rememorando su recuerdo. El edificio en sí era una especie de pirámide con un museo en su interior repleto de recuerdos y conmemoraciones a sus caídos en estas dos guerras.

Después de más de una hora recorriendo los pasillos de este museo decidimos que era hora de hacer un alto en el camino y llenar nuestro buche. Andamos y andamos, hasta que por fin encontramos un restaurante lo bastante asequible para nuestro bolsillo.

Nuestro amigo Ronald McDonald’s nos daba una cálida bienvenida a su famoso restaurante de comida rápida.

Después del tardío almuerzo, nos echamos una siestecilla en uno de los muchos parques de la ciudad. Nuestras energías llegaban a su fin y decidimos volver al Backpacker y descansar como es debido.

Al día siguiente nos esperaba otro día de caminatas por Melbourne.

Pero antes irnos a la cama como niños buenos, nos hicimos una cervecita en uno de los muchos pubes del cosmopolita barrio de St. kilda, lugar donde nos hospedábamos. Cabe destacar que encontramos en el supermercado local un poco de Jamón Serrano español; por supuesto que no pudimos evitar la tentación y compramos un par de lonchas.

Después de tres meses volvíamos a recordar ese sabor tan característico de nuestro querido jamón. Un momento único en todo el viaje.

El segundo día de nuestro viaje amaneció soleado en casi su totalidad y después de un revitalizante desayuno nos encaramamos hacia la city.

Decidimos que la distancia que nos separaba del alojamiento de la city no era tan grande y podíamos dar un paseo matutino. Osada nuestra valentía! Después de casi hora y media andando llegamos a nuestro destino! Por fin la city nos esperaba.

Paseamos por sus calles, por su Chinatown, recorrimos sus tiendas de souveniers, y después de andar y andar terminamos en, como no, otro parque. Hicimos una pequeña parada en el camino y decidimos que era hora de comer. La casualidad nos llevó a una pequeña panadería francesa donde servían comidas.

Por un módico precio comimos como reyes y recargamos nuestras energías. Nuestro siguiente destino era el tranvía gratuito que daba una vuelta por la ciudad. Una excelente manera de descansar y ver la ciudad.

La ciudad se nos hacia interminable mientras paseábamos por sus calles y parques. Visitamos unas cuantas iglesias o catedrales (con sus respectivas fotos) y recorrimos innumerables paseos. Una parada obligatoria era el escenario del Grand Slam de Australia que se celebrará en Melbourne a finales del mes de enero. Nos decepcionó un tanto sus instalaciones, aunque nos hicimos algunas fotos con los carteles de los ganadores de antiguas ediciones, y como no, con el ganador de 2009: Rafa Nadal.

Después de visitar estas instalaciones, recorrimos la rivera del rio que atraviesa Melbourne en dirección de nuevo a la ciudad. A media tarde, un helado refrescante y antes que caiga el sol subimos al mirador más alto del hemisferio sur: El eureka Skyline.

Inundamos nuestras cámaras de fotos de la ciudad y de la tremenda puesta de sol que nos brindó la bahía de Melbourne. Cuando la noche cayó por fin sobre la ciudad nos recompensamos con una cerveza a la orilla del río y pronto a la cama.

Al día siguiente nos esperaba un coche automático con volante a la derecha. Al día siguiente comenzaba nuestro viaje por carretera. Nuestro primer destino sería el pueblo minero de Ballarat, al oeste de Melbourne. Pero eso es otra historia que se contará en otro momento.

Saludos, besos y abrazos desde las antípodas. Hasta la próxima edición que será muy, muy pronto.

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