Mi Camino de Santiago Francés: Saint-Jean-Pied-de-Port a Espinal
Día 1 – Subiendo, subiendo… y ya está, ¿no?
Después de una noche durmiendo como un bendito (¡más de ocho horas seguidas!), empecé el día 1 del Camino Francés con energía. O eso pensaba yo.
Salí de Saint-Jean-Pied-de-Port a eso de las 6:30 de la mañana. Y nada más empezar… cuesta arriba. Pero no una subida cualquiera. Ya me lo habían avisado: “sube mucho”, “prepárate para subir”, “todo el rato para arriba”… Y sí, tenían razón. Gracias por avisar.
Los primeros 10 km son prácticamente todo subida, con tramos más suaves y otros más criminales, pero siempre para arriba. Por asfalto, por piedra, por caminos de cabras… Lo que viene siendo subir sin parar.
A los 5 o 6 km llegué al mítico refugio Orisson, donde abrían a las 8:00. Como llegué antes (porque claro, soy así de puntual sin querer), tuve que esperar un poco en la puerta con otros peregrinos zombis. Desayuné allí… bueno, lo intenté: una tortilla que mejor olvidar. Pero algo es algo.
Después del tentempié, seguí subiendo. Pero oye, no fue tan duro como me lo pintaban. Llegué a la cima bastante bien, incluso con ganas de seguir. Allí, bocadillo en mano (que había comprado antes en el bar), me senté a comer y a contemplar las vistas. Momento bonito.
Luego empezó la bajada, que también tiene lo suyo: piedras, tramos resbaladizos, y ese típico dolor en los cuádriceps que te avisa de lo que viene en los próximos días. Aun así, nada grave.







Roncesvalles: ¿ya?
Llegué a Roncesvalles antes de las 12:00 del mediodía. Sí, lo sé, muy pronto. Me sentía fresco, entero, casi invencible. Me vine arriba, como no podía ser de otra forma, y pensé:
“Esto me lo hago yo en 10 días. ¡Fácil!”
Había hecho unos 25 km, pero todavía me quedaba algo más. Tenía reservada una casa rural en Espinal, a unos 6 km más, así que seguí caminando. Una horita más tarde llegué al pueblo, donde no podía hacer el check-in hasta las 15:30, así que me senté en el único restaurante abierto y almorcé como si fuera la cena.



Espinal: lavadora, ducha y optimismo
La casa rural, por cierto, genial: habitación individual, baño compartido (con solo dos habitaciones más), tranquilidad absoluta. Ducha larga, lavadora, algo de descanso y la cabeza ya pensando en el día siguiente.
Que, según el plan original, eran solo 19 km hasta Urdáriz (o Uterga, aún no sé). Pero yo ya estaba motivadísimo, así que cancelé ese albergue y me vine arriba del todo:
“Bah, 19 km… ¿para qué? ¡Me voy a Pamplona del tirón!”
Así que nada, me reservé una pensión en Pamplona y al día siguiente me tocaban 40 km.